miércoles, 24 de agosto de 2016

EL CASTILLO DE RODAS

  1. EL CASTILLO DE RODAS


Hoy pondré un vídeo del castillo de "Los Sin-Almas". De todos los castillos del mundo se ocurrió el de Grecia, por varios motivos:
1. Por su historia
2. Porque encaje con la trama del libro, en efecto el castillo realmente perteneció a la Orden de los Hospitalarios por Guillaume de Villaret, de allí el nombre de Nina de Villaret.
Además que Clemente V, nuestro famoso Clemente V confirma la posesión de la Isla al Orden de los Hospitalarios. Sí, ya saben el mismo que ha sido la perdición de los Templarios!!!!
3. Realmente me encantan esas dos torres gemelas flanqueadas son impresionantes, pero también los distintos elementos que intenté insertar en la novela...
VER LIBRO DOS

domingo, 14 de agosto de 2016

Unidos por la Sangre: género gótico

Cuando comencé a escribir la novela jamás me vino por la cabeza escoger un género literario. Los elementos y las características del género se incluyeron sin darme cuenta poco a poco.
Me dirán Ustedes que las novelas de vampiros obviamente tienen que ser góticos, y mi respuesta es un gran NO. ¿Por qué?

EL género gótico incluye una lista de características que muchas novelas se limitan a un solo punto. Cierto es que las tramas no son muy elaboradas y hasta podría decir que carecen de imaginación sobre todo con respecto al tema de los vampiros.
Pero dijimos que el vampirismo no puede ser el único elemento del libro gótico, ¿cierto? Si ya leyeron el post anterior se han dado cuenta que necesitamos varios elementos para ser determinado como una novela gótica:
  • Las localizaciones góticas son fundamentales: bosques sombríos, mazmorras, granjas abandonadas, calles oscuras, casonas vacías, criptas… Las descripciones son abundantes para crear una atmósfera que acongoje al lector. De hecho, la localización en estas narraciones es protagonista del suspense.
  • Aparición de cadáveres, espectros, muertos vivientes y otros elementos sobrenaturales.
  • Viajes en el tiempo o en el espacio.
  • El mundo de los sueños y las pesadillas también tiene un lugar relevante por la alternancia entre realidad e irrealidad.
  • Personajes dominados por sus pasiones, inteligentes y enigmáticos, siempre atractivos. A veces, castigados por la culpa.
  • Habitualmente aparece un noble malvado que simboliza el peligro y una doncella inocente perseguida por él. En contrapunto, el héroe valeroso, también de alto linaje, que intentará salvarla del terror. El amor también es un rasgo imprescindible.
  • Los protagonistas suelen tener nombres extranjeros muy rimbombantes.
  • Elementos escenográficos llamativos: luces y sombras, goznes chirriantes, manuscritos ocultos, ruidos extraños, animales exóticos, etc.
Hasta ahora vamos bien en todos los aspectos -los seguidores sabrán que sí- el único que no he querido cumplir es el siguiente: el marco suelen ser épocas pasadas o inexistentes que alejan al lector del presente.
La razón es muy simple, para mí era esencial captar al lector y que éste se identificará con cada uno de los personajes. Tarea difícil de cumplir en épocas pasadas. Quería que el lector iniciará el libro con su propio cotidiano: ir a la universidad, fiesta con sus amigos, tener su propio apartamento etc...
La trama se desenvuelva poco a poco como arenas movedizas, más el lector y los personajes se adentran en la historia, más profundo caen hasta quedar totalmente sumergidos en un mundo totalmente extraño, sobrenatural, encantador, terrorífico, pero real. Nada de lo que sucede en la novela debe desconectarlo con la historia, el lector quedará sorprendido, impactado, y emocionado hasta comerse las uñas porque lo que lee es como si lo viviese en carne propia. 
Ahora entienden por qué no he querido narrar la historia en épocas pasadas.

XOXO

La Autora.

Género Gótico

El género gótico no debe morir!


En el 
siglo XVIII, conocido como el de la Ilustración, el hombre creía que era capaz de explicarlo todo mediante la razón. La literatura de estos años está plagada de ensayos filosóficos y de novelas de costumbres que reflejaban la realidad. Sin embargo, en el último tercio de siglo surge en Inglaterra una nueva corriente que pondrá los cimientos del próximo Romanticismo: esto es el Gótico, historias que incluyen elementos mágicos, fantasmales y de terror, poniendo en tela de juicio lo que es real y lo que no.
En términos estrictos, el Gótico se extendió desde 1765 hasta 1820 aproximadamente, aunque casi todos los autores del Romanticismo del XIX volvieron su mirada hacia él, inspirando algunas de sus obras más famosas (Drácula de Stoker’, El fantasma de Canterville de Oscar Wilde,Frankenstein de Mary Shelley, Jane Eyre de Charlotte Brontë, etc.). El goticismo decayó a finales del siglo XIX con la irrupción del positivismo, que promulgaba una explicación científica para todo. Las obras de terror gótico también son llamadas historias de fantasmas.
El adjetivo gótico se usa porque muchas de las historias se enmarcaban en la época medieval, o bien la acción tenía lugar en un castillo, mansión o abadía de este estilo arquitectónico. Lo intrincado de estos, llenos de pasadizos, huecos oscuros y habitaciones deshabitadas se prestaba a crear ambientes inquietantes.

Otras características del género son:
  • Las localizaciones góticas son fundamentales: bosques sombríos, mazmorras, granjas abandonadas, calles oscuras, casonas vacías, criptas… Las descripciones son abudantes para crear una atmósfera que acongoje al lector. De hecho, la localización en estas narraciones es protagonista del suspense.
  • Aparición de cadáveres, espectros, muertos vivientes y otros elementos sobrenaturales.
  • Viajes en el tiempo o en el espacio. Algunos autores eligieron la Europa del Este como marco de sus obras.
  • El mundo de los sueños y las pesadillas también tiene un lugar relevante por la alternancia entre realidad e irrealidad.
  • El marco suelen ser épocas pasadas o inexistentes que alejan al lector del presente.
  • Personajes dominados por sus pasiones, inteligentes y enigmáticos, siempre atractivos. A veces, castigados por la culpa.
  • Habitualmente aparece un noble malvado que simboliza el peligro y una doncella inocente perseguida por él. En contrapunto, el héroe valeroso, también de alto linaje, que intentará salvarla del terror. El amor también es un rasgo imprescindible.
  • Los protagonistas suelen tener nombres extranjeros muy rimbombantes.
  • Elementos escenográficos llamativos: luces y sombras, goznes chirriantes, manuscritos ocultos, ruidos extraños, animales exóticos, etc.
Algunos estudiosos distinguen en el género entre obras históricas (de autores como Walpole, Irving, Bécquer); de terror (Radcliffe), las cuales cuentan cosas espeluznantes, pero con buen gusto, los personajes reaccionan a situaciones extremas y el empleo de lo fantástico es moderado; y dehorror (Lewis), donde los sobrenatural es palpable y se hace una detallada descripción de ambientes y de sucesos brutales que golpean al lector y lo sobrecogen.
fuente: http://libros-es.blogspot.com/2009/11/caracteristicas-de-la-novela-gotica.html
De otro lado, sin embargo, parte de la temática y muchos otros motivos del mundo gótico chocaban con los preceptos exigidos por los teóricos neoclásicos. Si la novela gótica pretendía pasar el filtro debía sacrificar y dejar en el camino ciertos elementos de su fórmula que se rechazaban y censuraban de manera tajante dentro de nuestra literatura. El realismo era algo más que una exigencia, un sentir profundo clavado en lo más hondo de la conciencia hispánica. La consecuencia sería que las escenas sobrenaturales se desdibujaron y los fantasmas que vagaban por sus páginas encontraban todos una explicación lógica y racional a su «anómalo» comportamiento. La novela gótica tendió, en definitiva, a la vertiente más racional del gótico, en lo que a la presencia del elemento trasgresor se refiere. Sin embargo, el mundo irracional también estaría presente en la representación del horror más plausible porque lo irracional se manifiesta, parece evidente, en lo sobrenatural, pero también en todo aquello que aun siendo real y tangible, traspasa los confines de lo permitido, de lo aceptable, de lo asumible socialmente.
Como un ánima errante, pues, en busca de su redención eterna, la novela gótica vuelve, una y otra vez, a manifestarse esperando ocupar, en los anaqueles de la historia de la literatura, y ahora, más en concreto, de nuestra propia literatura el prestigio que le viene siendo negado. Nuestra incruenta batalla literaria entonces ha sido y será, en el futuro, la de tratar de dar satisfacción a aquellas sombras, arrojadas al mundo de las letras por Horace Walpole y sus seguidores, y conseguir para ellas, al menos, un honroso y merecido descanso.

Publicado por Javier en 19:50 
Etiquetas: EJES LITERARIOS

Fuente:http://www.cervantesvirtual.com/bib/portal/novelagotica/include/p_historia.html

Trailer oficial: unidos por la sangre 2


miércoles, 4 de mayo de 2016

FOX: guión Unidos por la Sangre en competencia!!!!!

HOla a todos,

Mucho tiempo sin escribir en mi blog, me hacia mucha falta. Pero esta semana es un evento sin igual el libro Unidos por la Sangre es parte de la competencia de FOX para el guión adaptado del libro.
Y esa noticia no podía ponerla únicamente en Facebook. Así que chicos, les dejó el trailer fan made y que tengan una excelente semana.

XOXO
La Autora

miércoles, 27 de enero de 2016

Los Sin-Almas: la determinación de un vampiros, eterna.

--Serás de los nuestros, Nina. Lo quieras o no. Tendré todo el tiempo del mundo. Y al final rogarás, Nina. Me rogarás para que te convierta. Siempre seré una amenaza. Y cuando menos lo esperas: iré tras de tus amigos, iré tras de tus novios, iré tras de tu futura familia, e iré tras tuyo. Nunca sabrás si están a salvo o no; y cuando mate lentamente a todos tus seres queridos uno por uno, tú me rogarás por convertirte. 
"Los Sin-Almas"

domingo, 13 de septiembre de 2015

CAPÍTULO 3: TRAICIÓN

       Esta mañana al abrir los ojos supe de inmediato que había dormido bien, percibí mi cuerpo más relajado, y mi buen humor aumentó al ver un rayo de luz entrar a través de las cortinas hasta mi cama. Me levanté sonriente y hambrienta, pensando hacerme unos huevos con tostadas, sólo el hecho de pensar en ello me llenó la boca de agua, hasta me sorprendí cantando al preparar mi desayuno. Llené mi vaso con un jugo de naranja, el contacto del líquido dulce y frío en mi boca incrementó mi sed de manera incontrolable. Terminé por vaciar el litro de la botella.

Cargué mi desayuno hasta la mesa pensando en comer viendo la televisión, pero era la hora de los noticieros: la hora de las malas noticias, de los accidentes, de las muertes, de las guerras, del desempleo, y de la alza de las tarifas. A momentos odiaba mi futura profesión.

Al final opté por poner un CD de música clásica, me levanté con otro vaso de jugo en mis manos y encendí la HI-FI, escogí una compilación de los mejores clásicos, las primeras notas empezaron a sonar, mi oído se deleitaba con la música y mi lengua con el sorbo de jugo, mientras la cortina de la ventana me acariciaba el antebrazo. Me sentía estupenda.

 

La impresión de olvidar algo importante me invadió, sin embargo, la música me llevaba a otra dimensión, alcé los hombros impotente, seguro me recordaría más tarde.

Puse los trastos en el fregadero, pensando en la ropa que me iba a poner, en ese momento, decreté que el amarillo sería el color del día con un pantalón café, me duché al ritmo de la misma música mientras tanto mi mente se adelantaba sobre mi agenda; la mañana empezaba con la clase de economía, en la tarde tenía Técnicas de Investigación Periodística, y en la noche Teoría del Estado sin olvidar ser la guía de Víctor. Se me ocurrió la idea de llevarle los cuadernos de todas las materias para que pudiera ponerse el día, y en cierta forma cumplir liberándome de él. Después de vestirme traté de peinar mi cabello rojizo ondulado, lo cual no era muy fácil; me pinté los ojos y me puse algo de brillo en los labios, y de  paso decidido agarré todos los cuadernos y las llaves cerrando las ventanas y la puerta de mi apartamento.

 

Llegué bastante rápido, aunque sabía que tenía que enfrentarme a Víctor en un momento dado, preferí retrasar el intercambio quedándome en mi carro a repasar la materia. Después de varios intentos de leer y entender la misma frase, me di por vencida, era absurdo, ni siquiera lo conocía. Me recordé de las sospechas de Julia al decirme que me gustaba, y sentí el calor llegar a mis mejillas. ¡No podía ser eso!  Es cierto  que poseía un encanto natural poco común y bastante clase, con un aire de autosuficiencia que ponía la confianza de cualquiera por el piso; a pesar de ello, Víctor no dejaba de ser una persona fría y desagradable; además según Julia, era un mujeriego.

Por lo cual: de cerca está bien pero de lejos, mucho mejor.

Me fijé en la hora, entrábamos en cinco minutos, ya era tiempo. Cuando lo encontré sentado, esperando, nuestros ojos se cruzaron y me forcé por sostener el peso de su mirada negra, segundos después Víctor bajaba sus  hermosos ojos contrayendo su mandíbula. Al llegar a su mesa le enseñé los cuadernos explicándole que si ocupaba alguna ayuda o tenía alguna duda pues que le podría ayudar.

—Gracias. —Eso fue todo lo que me contestó, gracias.

 Su voz era neutral, sin ninguna expresión en particular. Perpleja, decidí ignorarlo;  a lo más seguro pensaba que yo seré una de las tantas en sucumbir a su “encanto”. Me reí en mi interior mientras elaboraba un plan maquiavélico: estábamos en miércoles.

—A propósito, necesito que me los devuelvas este viernes. —Mi voz sonaba bastante determinada, lo cual me dio bastante satisfacción.

La profesora Betancourt entró solemnemente y nos dijo:

—Saludos. Antes de empezar a sacar la materia, me acaban de informar que las clases van a ser suspendidas el día de hoy. Como sabrán, el joven Lucio no ha sido encontrado todavía. Por ese motivo vamos a reunirnos todos en el gimnasio, ahí estarán los padres de Lucio  y la policía. Pasaré lista, todos los presentes tienen que ir, esa reunión es de carácter obligatorio.

El ánimo que había logrado recuperar esta mañana se desvaneció por completo, la idea de esa reunión no me alegraba mucho, lamenté en ese momento  haber venido a clases, la idea de ver a los padres de Lucio desfigurados por el dolor no me resultaba fácil tampoco. Conocía demasiado bien el dolor que puede ocasionar la pérdida de un ser amado y no me imaginaba lo que podían sentir ellos, al tratarse de su propio hijo; era simplemente contrario a la propia naturaleza.

 

Al llegar al gimnasio, me senté en las gradas del medio, y observé cómo se llenaban poco a poco las gradas de alumnos; unos eran compañeros míos,  con otros estaba familiarizada al verlos por ahí, mientras que, los demás eran simples desconocidos. No obstante, todos tenían un punto en común, no les importaba. Se reían, haciendo bromas estúpidas, viendo esa reunión como una simple distracción para “escaparse” de clase. Siendo honesta, me hubiese gustado pertenecer a esa clase de personas, hasta  me causaba envidia verlos tan despreocupados. En cambio, aquí estaba yo, con la mirada llena de una tristeza infinita, sin nadie alrededor.
Al percatarme de cierto movimiento en la tarima, mi corazón brincó hasta mi garganta al ver la fotografía de Lucio con esa sonrisa que tanto conocía, que tanto extrañaba; me recordé, con pena, de aquellos momentos felices, en los que nos reíamos de las bromas o babosadas del uno o del otro.

Aquellos tiempos habían terminado, de eso sí estaba segura, y nada de lo que hiciera, podría hacernos volver a aquellos tiempos tan felices, sentí mi garganta apretarse aún más y las lágrimas inundaron mis ojos. En este preciso momento, con la vista borrosa por las lágrimas, pude ver a la madre de Lucio, que con un gesto me pidió unirme a ellos. No tuvo que insistir mucho, de poder escoger, prefería estar con los padres de Lucio, que ser una marginal entre una masa de personas superficiales y alegres; bajé las escaleras y caminé tímidamente para encontrar refugio en los brazos tendidos de Mariela. Me burlé de mí misma sin ninguna compasión, yo, debería de dar consuelo en lugar de llorar la pérdida de mi amigo, en los brazos su madre; que patética era yo, no me venía nada más a la mente.

El director empezó su discurso pidiendo silencio en el micrófono. La masa se calló, esperando.

—Estamos aquí reunidos, con el propósito, de dedicar un momento para el joven Lucio, el cual desapareció misteriosamente hace unos días. Sus padres, aquí presentes, quisieran tener un momento con ustedes, les ruego que escuchen atentamente sus palabras…

Mi mente se desconectó, no quería escuchar ni una palabra más, quería dejar el recuerdo de mi Lucio intacto, la imagen aquella, de ese joven lleno de vida caminando hacia su carro con elegancia y fuerza. El director hablaba cuando Mariela empezó a decirme:

—¿Te ha dicho algo en especial? Algo que justificaría su comportamiento: algún problema, una inquietud; o puede ser una impresión tuya, o una sospecha que nos podría ayudar.

La voz de su madre era como un puñal en mi corazón, no sabía nada en lo absoluto, y tampoco podía aliviarle aquel dolor inmenso que se sentía en el tono de su voz y en su mirada. Alcé la mirada viéndola a los ojos tratando de hacerle entender que me sentía totalmente impotente y no había en mí la más remota posibilidad de ayudarla a atenuar aquel sufrimiento, le rogué que me perdonará por no haber sido una mejor amiga para Lucio, su hijo, como él lo fue para mí.

—Tranquila, te entiendo —susurró Mariela—. Lo encontraremos, y verás que todo volverá a la normalidad.

Le sonreí sacando todas las fuerzas que me quedaban para mentirle y darle la esperanza. Cuando bajé la mirada, sabía que era muy tarde, algo me decía que nada iba a ser como antes si lo encontrábamos; mis lágrimas de desesperación sin fondo, cayeron sobre mis mejillas

—Deberías ir a descansar, Nina, te ves sumamente cansada, no hay nada aquí que puedas hacer para ayudarnos. Créeme si pudiera y estando en tu lugar no lo dudaría, me iría a la casa entre almohadas.

Su voz se quebró al final, pero entendí lo que me quiso decir; ella no podía rendirse ante la lucha, siendo madre, nunca podía perder la esperanza por más fuerte que fuera la tentación de hacerlo. Sin embargo, en mi caso, no tenía ningún compromiso, o atadura que me obligara a hacerle frente a toda esa masa.

—Lo siento —logré decir—, no poder ayudarle más, pero si sirve de algo, yo también amaba a Lucio a mi manera, al igual que la quiero a usted.

—Gracias Nina —los ojos de Mariela brillaban—. Puede ser que todavía no te das cuenta, pero tú eres una joven muy especial a tu manera.

 Me parece que hay cosas en el cuarto de Lucio que te pertenecen, si quieres, puedes ir ahora que no hay nadie en la casa, y estar un poco tranquila.

Pese al pro y al contra de su propuesta: Lucio podría volver y enojarse por haber violado su santuario; y si no vuelve estaría perdiendo la oportunidad de escaparme de aquí con el consentimiento de Mariela, y estar un poco más cerca de Lucio aunque fuera por un momento, de modo que asentí con la cabeza. En ese momento Mariela me soltó de sus brazos y la observé, mientras sacaba de su juego de llaves las que me servirían para entrar me extendió un par de llaves dándome las instrucciones que consistían en dejarlas debajo de la alfombra antes de irme.

—Vete, no tenemos por qué estar todos aquí ahora.

—Gracias.

Me aparte, saliendo del gimnasio, alejándome de la masa con cierto alivio. Llegando al parqueo, oí a un grupo de jóvenes a la par de un vehículo lujoso, no hacían nada, parecían más bien estar esperando a que terminé la reunión.

 Tomé mis llaves pidiendo permiso para pasar, cerré la puerta, y salí del parqueo a toda velocidad sollozando.

Cuando llegué a la casa de Lucio me quedé un rato al frente, me sentía vacía al saber que no había nadie en la casa, soplé para darme impulso y fuerza para salir de mi vehículo con las llaves de la casa en la mano.

Subí las escaleras, una, dos, tres, estaba a punto de meter la llave en la cerradura pero me pregunté si estaba lista para enfrentarme a la realidad; sin embargo, la curiosidad que sentía no me hizo cuestionar mucho más y giré la llave en la cerradura.

El característico clic me dio la señal de que la puerta estaba ya abierta; con la mano agarré la perrilla de la puerta cuyo quejido al abrirse hubiera despertado a un muerto, con un gesto más brusco y rápido terminé por cerrarla sin escuchar ni un ruido.

En el umbral, estaba envuelta por un silencio religioso acompañado por el péndulo, clic clac, clic clac, los dos juntos lograron que se me pusiera la piel de gallina, crispada, avancé cautelosamente hacia el segundo piso a donde se encontraba el cuarto de Lucio; la escalera era de madera oscura con una alfombra roja a lo largo de ésta, al subir no se escuchó los tacones de mis zapatos absorbidos por la alfombra pero sí el crujir de la madera señalando mi posición a cada paso.

Una vez en el segundo piso me di cuenta de que el recuerdo que tenía de esa casa era totalmente erróneo, había un montón de puertas dando la impresión de estar en un pequeño laberinto, por dicha, mi memoria no me fallaba al punto de no recordarme que su cuarto era el más alejado de todos… en esos tiempos me parecía ser lo más oportuno dadas las circunstancias…, pero ahora tenía que atravesar todo el corredor, el cual me pareció enorme. Con el poco coraje que me quedaba crucé ese corredor hasta llegar frente a su puerta, inconscientemente cerré el puño lista para tocar la puerta (lo cual era ridículo) aun así hubiera preferido esa situación.

Me sentí triste, Lucio me hacía una falta enorme. Inspiré profundo y abrí la puerta, el impacto fue pero de lo me imaginé, el vacío que sentí era descomunal y casi sobrenatural. Intenté tragar saliva, al sentir que mi garganta se cerraba por la emoción, el cuarto estaba igual que la última vez que había venido aquí: la cama estaba tendida, y sobre el mueble que servía de biblioteca los libros estaban perfectamente ordenados.

Mariela me había dicho que quedaban cosas que me pertenecían, de manera que empecé a buscar pertenencias mías; dirigiéndome hacia su escritorio, pude notar que su material de historia estaba ahí tirado, y al levantar la vista, la sorpresa fue intensa al ver que nuestra fotografía, la de nuestro primer aniversario de noviazgo, estaba siempre allí. Hacíamos una linda pareja, desde un punto de vista exterior; Lucio se veía ciertamente muy feliz, tranquilo y pausado, al contrario, yo trataba de tener una compostura más relajada infructuosamente. Suspiré dejando la foto a donde la había encontrado. Que irónico, él me había terminado, pero todavía tenía esas reliquias, mientras que yo, ya había botado todo aquello que podría haberme recordado esa época, permitiéndome de esa manera mentirme a mí misma, y creer fuertemente en nuestra amistad. Continué viendo qué más pudiera ser mío, y me detuve unos segundos sobre el cable que unía la cámara de video con el televisor, el cual prendí. 

Con la cámara en las manos encendida le puse inicio, y la grabación empezó a rodar.

Éramos nosotros en la casa de Julia para su cumpleaños, oí la voz de Lucio quien sostenía la cámara regañando a Julia por no haberse tomado el trago entero… empecé a reír y a llorar al mismo tiempo, Lucio… Al rato volví a prestar atención al vídeo, pero el ambiente era distinto, y no aparecía ni Julia ni yo, ni la casa, sino un bosque. Alguien más debía de grabar, ya que aparecía Lucio riéndose con otros, y de pronto una mujer guapísima se le acercó llevaba una camisa rosada, unas mallas de color negro con una falda por encima, sus tacones de agujas resaltaban aún más su grande estatura. Ella se intimidó falsamente frente a la cámara cuando Lucio pasó la mano dentro de su escote para palpar sus generosos pechos, y luego ella lo besó apasionadamente mientras él respondía fogosamente; la mujer era una rubia de ojos azules profundos acompañados de unas pecas sobre sus mejillas, su rostro era perfecto, ella era perfecta, hermosa. Lucio aproximó su mano a su cara de un gesto suave y delicado, luego bajó la mano hacia sus nalgas sin dejar de besarla.

Un dolor comparable al de una puñalada me perforó el pecho, cortándome la respiración, revolviendo mi estómago. Aun así, me quedé petrificada, incapaz de moverme, ni siquiera para detener las imágenes de la pareja filmando sus intimidades; momentáneamente me percaté de la fecha en la esquina derecha abajo del televisor, no lograba creer lo que estaba viendo, en esa época todavía éramos novios, mi puño se cerró sobre la cobija de la cama, en un intento por amortiguar toda la desesperación que sentía en ese momento. El dolor se estaba transformando en un sufrimiento sin límites, propagándose en todo mi ser envenenando mi corazón; decidida me levanté y apagué el televisor.

Los puños crispados de la ira arranqué de mi cuello aquel collar que él me había regalado para mi cumpleaños. ¡Mentira! Toda nuestra historia había sido una gran mentira. No me importaba recuperar mis pertenencias olvidadas, pertenecían a un pasado irremediablemente muerto a mis ojos, al igual que Lucio. Salí del cuarto sin voltearme a ver, con dirección a la salida de la casa, cerré la puerta dejando las llaves debajo de la maseta, tal como me lo había pedido Mariela, y me dirigí hacia mi carro.

Me sentía peor que al irme del campus

sábado, 22 de agosto de 2015

CAPITULO 2 : SAGA


2. El Duelo

Una vez, el efecto del impacto controlado, me dirigí hacia el teléfono y llamé a Mariela.
—Diga. —Parecía ser su madre, aunque no estaba del todo segura.
—Buenas noches. —Me sentía bastante incómoda, no debía haber llamado, seguramente no querían conversar con ninguna persona que no fuese de la familia—. Hola soy Nina, disculpe si llamo en este momento… pero acabo de ver las noticias, y pues… me preguntaba si sabían algo más de lo que mencionan.
—Ah, hola Nina, pues mira no sabemos nada todavía, estamos igual que tú, pero ya la policía está investigando, y  lo más seguro es que no podamos compartir los elementos de la investigación, ya conoces el procedimiento. Pero ahora que te tengo, ¿no sabes a dónde se dirigía en la tarde?
—No, me recuerdo que me había mencionado tener un compromiso, y haberse ido con bastante prisa del examen, pero no me dijo a dónde iba específicamente. Dígame… es igual de preocupante de cómo se ve en los noticieros.
—Ay Nina… la verdad que sí, estamos todos aquí realmente angustiados, no hemos tenido ninguna noticia de él desde que se fue para el campus. ¿Estás segura que no se te ha escapado nada? O no sé alguna información que te haya confiado… algún detalle, por más insignificante que sea puede ser muy importante.
—No Mariela, lo siento. Lo único que sé, es que últimamente Lucio ha estado muy ocupado, y hoy al decirme que tenía un compromiso parecía estar un poco incómodo, pero podría ser mi imaginación… la verdad es que me siento un poco confusa…
—No te preocupes Nina, lo encontraremos. Me tengo que ir. —Su voz se quebró por la emoción mientras mis ojos se llenaban de lágrimas, de tristeza y de angustia, el estado emocional de Mariela no presagiaba nada bueno―. Cualquier información que tengas llámame de inmediato, sí.
—Sí, lo prometo. Siento mucho, no poder ser de gran ayuda… cualquier cosa que ocupe no dude en llamarme también.
Al colgar me fui a la cama desamparada, sin idea de lo que tenía qué pensar o sentir sin mencionar el qué hacer. Aquel sentimiento de esta mañana cobraba una forma real y desgarradora, expandiéndose como un veneno a través de mi cuerpo. Lucio. ¿Qué iba hacer ahora sin ti? Mi mejor amigo, mi confidente del alma, ni siquiera tuve la oportunidad de despedirme de ti.
     Sabía que los noticieros habían mencionado la palabra desaparición, pero mi corazón ya sabía la verdad, por sus latidos pesados, sofocados, forzosos y dolorosos: Lucio no iba a volver. No parecía ser yo la única en tener esa sensación, Mariela también lo intuía y las madres pocas veces se equivocan. Unos espasmos seguidos de calambres incontrolables impactaron mi estómago, mismo si no querría llorar sentía las lágrimas mojar mis ojos;  agarré la almohada soltando mi tormento. Una pregunta desesperada se formaba en mi mente ¿Por qué?
Al amanecer la lluvia golpeó mi ventana, no había podido cerrar el ojo en toda la noche, me dirigí al baño maquinalmente, mis ojos me ardían, pero esta vez no me importaba, nada me importaba. ¿Acaso, iba seguir perdiendo a todas las personas que quería?
Oí mi celular sonar, era mi tío, preguntándome cómo me sentía.
—Bien, al menos como se puede.
—Lo siento mucho, Nina, de veras. Cualquier apoyo que ocupes no dudes en llamarme, aquí estaré, yo sé que ustedes eran muy cercanos.
Una lágrima recorrió mi mejilla en un intento infructuoso de consolación. Sentí el silencio instalarse entre nosotros.
—¿Has podido hablar con algún pariente de Lucio?
—Sí, llamé a su casa ayer en la noche. Mariela, su madre está bastante preocupada.
—Me imagino, la pobre. Sabes que no soy muy bueno para esas cosas pero llámame. ¿Sí?
—Tranquilo, no te preocupes. Mira tengo que ir a clases y el profesor de historia me ha dado un encargo así que tengo que dejarte —dije pellizcando mi labio con mis dedos—. Gracias por haber llamado, y disculpa si fui algo brusca contigo.
—No te preocupes. Llámame al volver, ¿Si?
—Apenas llegue de la universidad, te lo prometo.
Al colgar me fui directamente al closet, en busca de una ropa cómoda; una camisa negra y unos jeans con tenis. Al peinarme repasé la conversación con mi tío, definitivamente el tacto no era una cualidad en nuestra familia.
Desanimada, no sabía si iba a poder ir a la universidad y mucho menos ser la guía del nuevo estudiante; parecer jovial y fingir en cada momento, me parecía totalmente fuera de mi alcance. «Bueno, me dijo mi voz, puedes quedarte aquí a llorar todo el día, sintiéndote desdichada y maldecir el mundo o tratar de seguir adelante yendo a la U. La vida continúa…lo mismo sin Lucio. Intentar, sólo un intento».

Al llegar al campus, ni siquiera me recordaba de cómo había llegado hasta aquí, tampoco de haberme ido del apartamento. Inspiré profundamente con el fin de tomar impulso y salí del carro.
Pasando por el corredor, sentí que todos me miraban con ojos de piedad y de compasión, dándome ganas de gritar, no, peor, de irme para no volver, sentí la nariz picarme, no, no ahora no, apresuré el paso y me dirigí al baño; me senté sobre la tapa y esperé  hasta recobrar la calma. Iba a llegar tarde a clases, vaya anfitriona era yo, pensé sonriéndome a mí misma despiadadamente. Sin idea, si iba a poder despegarme de la tapa del inodoro algún día e imaginar la profe echándome de la clase por llegar tarde, no ayudaba. Aunque, pensándolo mejor, con un poco de suerte, me quitarían mi rol de anfitriona, eso me ayudó un poco a levantarme el ánimo. Abrí el cierre de la puerta y salí del baño, caminé lo más despacio posible hacia el aula, entre más tarde llegara, mejor.
 Frente a la puerta anaranjada de metal, toqué con mucha timidez, esperé hasta oír a la profesora darme la orden de pasar. Entré y esperé mi sentencia… nada… no, no me dijo absolutamente nada, simplemente continuó su sagrado discurso, ignorando mi presencia. Esperé un poco más, por si acaso; al darme cuenta de que mi esfuerzo por llegar tarde no resultó, suspiré y caminé disgustada hasta mi asiento con una evidente mala gana. 
Al sentarme, advertí el cambio de mi compañera por el nuevo estudiante, se veía algo incómodo debido a mi humor que seguramente no tenía nada de caluroso, el pobre no había hecho nada para merecer semejante bienvenida.
—Hola —dije con el fin de ponerlo un poco cómodo.
Dejó de escribir para alzar la mirada, luego me sonrió agradecido, me cautivó su mirada misteriosa llena de secretos y madurez, sus ojos eran de un intenso color negro haciendo juego con su pelo atado de una cola, su estilo era bastante singular, poco común para los jóvenes de nuestra edad. Al sentarme, observé que en su camisa blanca resaltaba su piel dorada decorada un tatuaje de una cruz roja, la cruz de los Templario. Al menos no era feo.
—Sé que no dejó indiferente a las mujeres, aun así, deberías de concentrarte en la clase  —me aconsejo el nuevo.
Bajé la mirada, las mejillas calientes. Traté de prestar atención a la clase aunque ya sabía por adelantado que era un esfuerzo en vano. Todo se me mezclaba, la voz del periodista en la televisión comentando la misteriosa desaparición de Lucio, la voz de la profesora, la de Sam, la de Lucio, los alumnos susurrando… La sangre empezó a hervirme, de repente, mis manos cerraron mi libro, recogieron mi bulto y sentí mis piernas llevarme hasta la puerta. Una vez afuera, corrí hacia mi vehículo, busque mis llaves en mis bolsos… ¡nada!, en mi bulto… ¡tampoco! ¿Las habré olvidado en el carro? Me fijé un momento…no, nada. Oí el timbre tocar. Genial, ahora me iba a costar salir del parqueo.
—Creo que se te olvidó esto  ¾dijo una voz ronca, grave, con cierto agrado en la voz acompañado del tintineó de unas llaves. Me volteé para ver quién me dirigía la palabra, con mis llaves en sus manos.
—¿Tú? —Nos miramos a los ojos, yo desafiándolo por aquella conducta en clase y mi mal genio.
—¿Esperabas alguien más?
—No… —dije decepcionada, pero ayer hubiera podido ser Lucio pensé, con esa sonrisa amistosa, regañándome por ser una descuidada sin perder la oportunidad de resaltar ser mi salvador: «Ah Nina, ¿qué harías sin mí?».
Seguramente el nuevo debió darse cuenta de mi súbito malestar ya que perdió cierta compostura, hasta verse un poco preocupado.
—¿Estás bien, te fuiste tan súbitamente…? ¿No será por lo que te dije en clase?
Como respuesta agarré las llaves, planeé abrir la puerta e irme sin volverlo a ver, pero mis manos me temblaban tanto… ya era el tercer intento sin lograr abrir ese pedazo de lata y él seguía aquí. ¡Qué desesperante!
—¡No tienes nada más que hacer! Ya tengo las llaves, gracias. —Esta vez sí se iba a ir al entender que quería estar sola.
—¡Nina! —me gritó una voz familiar, era Julia—. Por Dios, traté de localizarte por todo lado. ¿Cómo te sientes?
La miré desesperada, Julia. Hacía tiempo que no nos hablábamos, me abrazó fuertemente, abriendo la fisura dentro de mi pecho, de pronto la barrera que forjé se desvaneció. Exploté llorando sobre su hombro. Corazón no debiste venir, es ridículo. ¿Quieres que te lleve a casa? Tengo un examen en veinte minutos pero no me importa puedo llegar un poco tarde.
—No, estaré bien de veras —susurré, sin lograr convencerla se quedó viendo al nuevo.
—¿Cuál es tu nombre? ¿Manejas?
—Víctor y claro ahí está mi vehículo. ¿La puedo llevar si quieres? —el vehículo en cuestión era nada más un Range Rover blanco, último modelo.
—Puedo manejar sola —contesté mientras abría la puerta.
—¡Vamos Nina sé razonable!
Estaré bien.
Arranqué el carro, cerrando la puerta. ¡Razonable! Acaso no sabía que la razón estaba en vía de extinción en este mundo. Presioné el acelerador dejándome llevar por el impulso, manejando a toda velocidad. Un tiempo después apareció el rótulo de despedida: «Vuelva Pronto».
No tenía la menor idea hacia donde me dirigía, ni si iba a volver mañana a la universidad, pasé frente al supermercado al que nunca iba por lo lejos que se encontraba, pero seguí, no me importaba, nada me importaba, solamente quería manejar y sentir el viento en mi pelo… de pronto, mi vista quedó atrapada por el bosque, la repentina idea de ir a pasear entre los árboles me pareció lo suficientemente atractiva como para parquear el carro.
Caminé por el sendero escuchando los sonidos de los pájaros, del río a lo lejos, de la madera seca al caminar sobre ella, suspiré un poco relajándome, disfrutando de esa caminata improvisada, exhalé al sentarme en la base del arbusto; mis ojos se enfocaron sobre un poco de césped, arranqué uno y lo coloqué entre mis dos pulgares y soplé, ningún sonido, lo intenté un par de veces, sin éxito. Abandoné el zacate y me acosté observando los árboles con sus pedazos de cielo entre ellos.
Esta semana, era un desastre, me sentía impotente, sin control sobre mis sentimientos, los acontecimientos, sobre la vida en general y seguramente la desaparición de Lucio iba a desatar mis monstruos internos  frente a las inseguridades y mis miedos más profundos, entre ellos: la soledad.
La conocí desde que tuve conciencia de no ser como los demás niños, al no tener padres siempre me sentí distinta al tener nada que contar al no tener esos recuerdos de madre e hija, al no tener esa cariño maternal, sin contar con la ausencia total de la protección de los brazos de un querido padre; con el transcurso del tiempo y la madurez me acostumbré poco a poco hasta inclusive lograr olvidar mis diferencias, aunque en el fondo sabía que me estaba engañando, no se podía llevar una vida “normal” al tener tantos vacíos en mi vida. En ese momento preciso de mi vida estaba bajo control pendiente a mantener mis demonios internos encerrados. Hasta que conocí a Lucio. Sea amor, amistad, fraternidad, él trajo a mi mundo de negro y blanco, color, con su sonrisa tan franca y sus brazos siempre abiertos para secar mis lágrimas sin sentidos, como lo extrañaba, incluso antes de su desaparición me hacía falta, era como si le hubiera dejado de importarle, en sí uno de los peores castigos. El momento más triste de todos fue aquel día en el parqueo del campus, cuando sentí que lo estaba perdiendo. ¿Acaso, podría ser, que hubiese presentido su desaparición?                                              Por supuesto, esa sensación de pérdida no era nueva, siempre ocurría en el momento de despedirme de las personas para siempre, como una alarma, un susurro apenas audible, casi incomprensible que me informaba sobre futuros malos presagios; durante muchos años logré negar lo que pasaba, sin embargo, con el tiempo me rendí ante la evidencia: no se podía luchar contra los dones o maldiciones de la naturaleza, intuir cuando las personas se iban a morir o simplemente cuando no las volvería a ver jamás… ¡Vaya don!                                                                                    Al principio fue extraño sentirlo y menos explicable, me costó encontrar la relación entre esa “incomodidad” súbita con ciertas personas seguido de sus muertes. Cuando empecé a enfocarme más, me percaté de que las personas tienen una especie de aura alrededor de ellas, por la cual era fácil entender sus estados de ánimo e incluso saber cómo se sentían y pensaban. Sin embargo, cuando ellos se acercaban a la muerte su aura se ponía como borrosa, haciéndome difícil sentirla, era como si hubiesen de tener significado o existencia.                                                                          
Con la gente que amaba era distinto, me imagino que debe ser por la poca objetividad que poseemos cuando los sentimientos se involucran. Sí, con los seres queridos era más complicado,  en lugar de no sentirlos, pasaba sencillamente todo lo opuesto, es más bien una necesidad dolorosa  que se apodera de mí para estar con ellos a toda costa, como para aprovechar cada momento, rindiendo cada minuto de tiempo ya contado. Y cuando mis demonios se sueltan, es donde todo se complica, estar con ellos a toda costa porque nunca los volveré a ver, o porque no quería estar sola. Pero lo inevitable siempre acecha.

La parte de los sueños es aún más complicada, también con el tiempo y la práctica logré tener pequeñas premoniciones: un lugar, una conversación hasta alcanzar a tener “visiones” inclusive de día. Logré desarrollar tanto mi intuición, que un día logré saber el contenido del examen, una sensación de urgencia por estudiar un tema más detenidamente que otro; por lo general si no me hacía caso luego me arrepentía.
Al inicio todo empezó como una curiosidad, un pasa tiempo para convertirse en una especie de obsesión, todo lo tenía que presentir, saber todo con anticipación, interpretar todos mis sueños, y todas las vibraciones de todas las personas.
La obsesión se convirtió en una enfermedad, matando toda la espontaneidad que poseía y lo que tenía que pasar sucedió, llegó un momento en el cual quedé exhausta, todo el tiempo, debido a la cantidad de energía involucrada en el proceso, al dormir las pesadillas me asechaban y de día me “comunicaba” con todas las auras de las personas alrededor mío. Mi cabeza se había convertido en un torbellino de emociones y ecos de todo a mí alrededor hasta el más insignificante detalle, un torbellino en el cual yo me hundía, asfixiándome cada día más.
Por ello decidí cerrar la puerta por completo y descansar. Con el paso de los años me volví totalmente ajena a ello, como si nunca hubiese existido.
 Hasta ayer.
 Nunca había sido víctima de un sueño, normalmente yo decidía si abría o cerraba la puerta y cuándo parraba mi sueño; pero esa noche,  la puerta se quebró como si alguien brutalmente le hubiese hecho trizas, dejándome totalmente expuesta y desprotegida. Está claro que las reglas cambiaron, y que ya no soy dueña de mi “don” como si la rueda del destino hubiese tomado mi vida entre sus manos.
Mi intuición más alerta que nunca me alertaba que algo estaba por pasar, algo grande que cambiará mi vida por siempre, destruyendo toda mi existencia presente.
Yo, nada más esperaba angustiada, confundida por lo que me reserva la rueda de mi destino.

Por otro lado, todo podría ser el fruto de mi imaginación y todos esos “presentimientos y sueños” el instrumento para no sentirme sola por el vacío que dejaron mis padres al morir, y tiempo atrás me pasó por la mente confiarme a una persona, pero no supe a quién acudir; además era una locura explicar eso a una persona, fijo me tomaría por una demente.
 Todo era tan borroso, y sentía el vació tan cerca de mí, siempre comparé el vacío con la soledad y durante muchos años, intenté llenar ese vacío con amigos, amigas y hasta novios; al rato me di por vencida, era obvio que no era uno de esos vacíos que se podían rellenar.

Me pregunto cómo hubiese sido de tener a mis padres conmigo, seguramente sería una mujer totalmente distinta, sin miedos e inseguridades; y la soledad, una palabra más del diccionario. Mamá, Papá. ¿Por qué no los pude tener a mi lado? Sentir el calor materno y la seguridad paterna, no era justo, así de simple. ¿Qué tenía yo? ¿Qué había hecho para merecer semejante castigo? Nada. Ni siquiera tenía una idea de cómo eran físicamente, o a quién me parecía más, eran simplemente unos desconocidos. Sam, mi tío, nunca se había tomado la molestia de explicármelo, evadiendo el tema cada vez que lo abordaba, de allí mi decisión de estudiar lejos de su casa y con el paso de los años en la universidad la distancia nos convertimos en desconocidos. En realidad nunca confié en él tampoco, ni en nadie totalmente que digamos, al principio, Sam se frustraba buscando maneras de acercarse a mí, al final, y para mi gran alivio, se dio por vencido.
La excepción siempre había sido Lucio, el único en entenderme, o más bien en no tratar de hacerlo, aceptándome; fuimos los mejores amigos, hasta que decidimos empezar a salir juntos. Un grave error. Inconscientemente mis barreras volvieron a controlarme y eso enfurecía a Lucio:
»—¡No confiarás en alguien nunca! —me había reprochado—, y yo no puedo amarte así, no de esta manera. No te dejas ser feliz, mantienes una especie de control sobre ti misma que te impide disfrutar plenamente de lo que tienes alrededor, como si fueras a perderlo todo. Nunca expresas tus sentimientos conmigo, y cuando estoy contigo tengo la impresión de que simplemente te dejas llevar como si estuvieras esperando algo que nunca llega.
Recordarme de esa confrontación me hizo llorar, en aquel entonces sabía que él tenía razón, pero también sabía que no había nada en mi poder que yo pudiese hacer para cambiar.
En ese momento supe que nuestra relación estaba muerta, él se distanció más, esparciendo las visitas, los planes de fines de semana, luego las llamadas, y finalmente me propuso terminar nuestra relación y quedar como amigos; sintiéndome culpable, acepté sin berrinches, ni enojos, nada. No me importaba tenerlo como amigo, lo importante es que Lucio fuese parte de mi vida. Pero al final lo termine perdiendo, nuestra amistad tan especial se fue marchitando con el tiempo, y terminamos siendo buenos amigos, ni más y mucho menos…
Pero él tenía razón, sabía que ejercía un autocontrol constante, ser calmada, educada, tolerante, aunque por dentro sintiera ganas de patear, llorar y gritar. Nunca dejar una persona amarme, porque yo no podría amarla de vuelta con la misma confianza. Como explique controlar, es la palabra.
Sentí una vibración en mi pierna y comprendí que era mi celular… Julia.
—Hola, Julia.
—Hola. ¿Cómo estás?
—Mejor, gracias. Lo siento, por lo de esta mañana.
—Tranquila, la verdad que me sorprendiste bastante—su voz era cálida y hasta se rio—. Me imagino que por lo menos es más humano que la máscara que siempre llevas.
—Jajá si me imagino que tienes razón.
—Aunque preocupaste al nuevo chico, a Víctor.
—Bah! La verdad me vale, además se lo merecía.
Se quedó un momento pasmada por  la reacción y el tono de mi voz.
—¿A ver qué hizo para que te enojaras? —Preguntó sin ocultar una inmensa curiosidad—. ¿No me vas a decir que te gusta, o sí? Claro él es bastante guapo, pero ya sabes tiene su reputación.
—¿Cuál reputación?
—¡Vamos! No me vas decir que no sabes que él proviene de una de las familias más poderosas del país… su reputación es que él no sale con ninguna mujer de su edad y  menos de la misma universidad. Me contaron que de ese modo puede terminar la “relación” cuando quiere.
—Ya veo, caso perdido. De por sí es un arrogante de primera no  lo soporto. ¿Y sabes qué es lo peor? Se supone que tengo que servirle de guía para que el Señor no se pierda. Pero ahora que me mencionas de donde proviene, dije sarcásticamente, no me extraña que los profesores se preocupen más de la cuenta. Yo, cuando empecé la carrera no tuve la dicha de tener un guía personal y exclusivo.
—¡Vaya sí que estás enojada! En serio te pidieron eso, que increíble…
—Además se supone que no debo de comentarlo ya que la buena obra debe de haber provenido de mí sin involucrar a los profesores.
—O sea estás en un lío.
—No, no le debo favores a nadie, después de todo no pienso darle un trato especial. No quiero a nadie en mis patas y mucho menos ahora.
—Si claro, te entiendo. —Su voz se había apagado ya que había entendido sobre que versaba mi indirecta—. Hablando de nuevos, ¿sabes hay un nuevo médico en la U?, llegó hace unos días.
—¡Qué bueno! —La verdad ni me importaba—, Julia, no me había dado cuenta, se está oscureciendo y estoy en el bosque, mejor me apresuro a volver a mi carro.
—¡Estás en el bosque a esta hora! ¡Perdiste la cabeza! sabes todos los cuentos y leyendas que hay en la universidad.
—Ah, vamos. ¡No me vas a decir que crees en esas estupideces!
—Aun así, eres una mujer, y bonita. No es seguro, por favor apresúrate y llámame cuando vuelvas de allí.
—Seguro —dije colgando.
El atardecer de un rojo vivo mezclado de anaranjado llevaba el canto de los pájaros y sus cantos relajándome. Cerré los ojos y levanté los brazos dejándome llevar por aquel momento, respiré hondo sosteniendo el aire un momento, la impresión de ser parte del bosque, como un elemento más de la naturaleza, me envolvió, aliviándome, curando mis heridas. No quería moverme, solamente seguir disfrutando aquel inusual momento de paz interna.
De cumplirse un deseo, pediría que el bosque me absolviera como el agua; sin embargo no era suficiente, la necesidad y la sensación iban incluso más allá. Quería ser parte de la Madre Naturaleza, como un pájaro para que el viento acaricie mis plumas, o una piedra para que el agua fluya sobre mí eternamente, de ser un animal nocturno quisiera ser un búho para no temerle a la noche.
Con los brazos siempre en lo alto imaginé una leve brisa envolviéndome susurrándome en el oído y jugando con mi pelo, las hojas de otoño volaban al ritmo del viento, se sentía tan real que comencé a reír; y justo en ese momento me sentí libre.
Al rato, el recuerdo de la preocupación en la voz de Julia me hizo recordar que no era muy razonable tardarme. Así que con cierto arrepentimiento, empecé a recoger mi celular y mis llaves del suelo.
En ese instante, los pájaros dejaron de cantar y sentí una amenaza, alguien vigilándome, me paré en seco, mi corazón latía fuertemente. Escruté mi alrededor a ver si podía ver de dónde provenía esa sensación, nada; sólo escuché el sonido de los pájaros volver poco a poco, me erguí y solté una risa nerviosa, era ridícula, seguro con el rollo de mí deseo y lo de Julia, me desubique más de la cuenta.
Comencé a caminar despreocupada hacia mi vehículo, al llegar, metí las llaves en el contacto, cerré la puerta, arranqué y me fui.





****






Unos ojos vigilaban los movimientos de aquella dama. Observó con mucho interés la brisa que emanaba de ella y la manera en que ella lograba controlar el ritmo del viento levitando algunas hojas del bosque; luego todo paró, recogió sus pertenencias y se fue.

Momento después, pensó, que ella lo había sentido, lo cual  era absurdo por ser una simple humana. ¿Pero acaso los humanos controlaban los elementos del bosque?

Con la duda en suspenso, siguió cazando a su siguiente víctima.
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